¿Un trabajo… una carrera… o una vocación?

A veces nos preguntamos por qué nuestro trabajo no nos da satisfacción. Es posible que simplemente haya dejado de convertirse en un reto, o que lo que hagamos sea rutinario o aburrido.  Es posible que el ambiente laboral sea insoportable.  Sin embargo, a veces es también nuestra actitud la que determina cómo nos sentimos en el trabajo y la satisfacción que este nos brinda.  

Los expertos apuntan a que el trabajo en general es sinónimo de satisfacción para el ser humano.  La gente  que trabaja es más feliz que la gente que no lo hace.  Por más que el trabajo sea aburrido o el ambiente no sea el mejor, casi siempre es mejor trabajar que no hacerlo.  Pero, hay una diferencia: la gente que considera su trabajo como una carrera es más feliz que aquellos que solo  consideran su actividad laboral como “un trabajo”. Tener una carrera implica realizar una actividad laboral con la que nos sentimos identificados e implicados. Es algo en lo que nos sentimos competentes y con lo cual hacemos una contribución a los demás.  Finalmente hay  aquellos que tienen una vocación.  Estos últimos sienten que su trabajo cuenta y hace la diferencia; crea un futuro de posibilidades distintas  para los demás, y que su retribución no tiene una relación directa con el dinero.  Según las investigaciones estos últimos son los más felices entre los tres.

Hace poco más de un año Andrés Gálvez, un alto ejecutivo de una compañía transnacional,  le dijo a su jefe que se iba de la compañía.   El jefe, sorprendido, le preguntó si podía hacer algo para que se quedará.  No era una pregunta de cortesía.  Andrés había hecho una carrera muy exitosa en sus años como especialista en la compañía: su futuro era  prometedor en la empresa.  Andrés contestó que “muy poco”.  Intrigado, el jefe quiso saber contra qué oferta estaba compitiendo.  Palabras más, palabras menos, Andrés le comentó su nuevo jefe era Dios:  Andrés se iba  a hacer una labor misionera apoyando a la etnia JAHANGO, en la Guinea Conakrí, un pequeño país en el oeste de África, cerca de Sierra Leone  y  Costa de Marfil.  Él,  su esposa Diana, y sus tres hijos.   Andrés está feliz con su nuevo “trabajo”; de una forma que ningún otro trabajo podía hacerlo feliz.

Todavía entendemos poco de cómo es el proceso de recibir un llamado vocacional tan particular.    Lo que si entendemos, es que si el trabajo implica  servir a los demás alegra la vida de la gente.   Investigación tras investigación muestra que el servicio, la solidaridad, la conexión con la gente o la común unión con los demás, o el  ayudar desinteresadamente a los demás, cambia la química del cerebro y es un camino  a una vida más satisfactoria.  Nuestro cerebro está diseñado para favorecer la solidaridad.  El ser humano es un animal eminentemente social, y su supervivencia siempre ha estado vinculada a la solidaridad y al trabajo en equipo.  Y el complejo entramado neurológico del sistema nervioso está diseñado para favorecer la ayuda mutua y  el apoyo a los demás.   Nuestro cerebro “sabe” que ayudar a los demás es bueno para nuestra supervivencia y “nos premia” con torrentes de emociones positivas y neuro químicos del placer cuando actuamos en solidaridad.   Entonces, si ya sabemos que vamos a pasar largas horas en nuestro entorno laboral, tratar de contribuir  con los demás, de maneras comunes o creativas en nuestro trabajo aumenta nuestra sensación subjetiva de felicidad.  Colaborar con otros y darle sentido a nuestro esfuerzo es una parte crucial de nuestra satisfacción como personas.

Trabajo, altruismo y felicidad:

Quizás muchos pensemos que no podemos tener una profesión o una carrera… simplemente tenemos que dar gracias a Dios que tenemos un trabajo y punto.  Es cierto.  Seguramente que muchos menos sentimos una vocación tan fuerte como Andrés.  Cierto también.  Lo que si podemos hacer es incorporar componentes de servicio en nuestro trabajo diario, o si no, en nuestro diario vivir.  He aquí cinco ideas para hacer de la convivencia en el lugar de trabajo una oportunidad para contribuir:

  1. Observa cómo tu trabajo es una contribución para los demás.  Mantén consciente esa idea. Convierte tu trabajo en una carrera, y convierte tu carrera en una vocación, así sea por momentos.  Intenta apasionarte con lo que haces.
  2. Encuentra sentido a tu aporte en el trabajo.  Si estás en una ventanilla de atención al público,  da la bienvenida, trata sinceramente de resolver el problema. Si estás en un comité de crédito, mira tu trabajo –favorezcas  o no la solicitud- como un apoyo al desarrollo de quien atiendes, etc.
  3. Evita ser cínico.  Apoya las iniciativas  de Responsabilidad Social Empresarial de tu empresa.  Si no existen, insiste en que se desarrollen  y proponte para liderar alguna.
  4. Involúcrate en actividades  voluntarias desinteresadas en tu comunidad. Ya sea a través de un grupo cívico, político o religioso: Comparte, apoya, implícate y entrégate un poco.
  5. Apoya a compañeros de trabajo con necesidades especiales o en tareas o proyectos difíciles.  Te sorprenderá cómo salirte de tu camino para apoyar a alguien puede ser satisfactorio en sí mismo.

Un antiguo refrán de la sabiduría popular resume bien los descubrimientos de la psicología positiva sobre este tema:

“Si quieres ser feliz durante una hora… haz una siesta.  Durante un día… vete a pescar.  Durante un mes… cásate.  Durante un año… recibe una herencia.  Pero si quieres ser feliz toda la vida… ayuda a alguien”.

Por: Carlos A. Leiro P., Ph.D.