Magia común y corriente

Las emociones positivas no solo mejoran nuestro ánimo; también nos ayudan a mejorar nuestra salud,  fomentan nuestras capacidades  y mejoran nuestras relaciones con amigos y familia.

Desde hace tiempo la psicología sabe que las emociones negativas (ira, repulsión, tristeza, miedo, etc.) ayudan a alejarnos de lo que nos hace daño o nos pone en peligro.  Ahora estamos aprendiendo que las emociones positivas (alegría, afecto, serenidad, tranquilidad) nos ayudan a resolver problemas, a ser creativos y a sentirnos productivos.

Por ejemplo, en unas ingeniosas investigaciones la psicóloga Bárbara Fredrickson les pedía a unas personas que pensaran en situaciones positivas o que vieran escenas positivas de películas.  Después Fredrickson les pedía a otras personas hacer lo contrario: pensar o ver imágenes tristes o escenas de películas que mostraran situaciones dolorosas o de miedo.  Al final, los dos grupos resolvían problemas sencillos o enumeraban ideas creativas.  Las personas que habían pensado positivamente o habían visto imágenes positivas resolvían los problemas con mucha más facilidad y producían muchas más ideas creativas y nuevas. 

Sin embargo, tal parece que  a muchas personas les resulta más fácil atender sus emociones negativas.  Es casi una costumbre en nuestro diario vivir.  Vivimos esperanzados en que la tristeza, el rencor o el miedo se vayan lejos;  y hasta le damos consejo a los demás para que tengan “una actitud más positiva”, “olviden el pasado” o “sigan adelante”.   Pero nosotros hacemos poco para fortalecer nuestras emociones positivas.

Solo en los últimos años estamos aprendiendo a reconocer cómo una decisión de nuestra parte puede cambiar las cosas.   Podemos experimentar emociones positivas que fortalezcan nuestra capacidad para enfrentar circunstancias, nos ayuden a superar situaciones y a  llevar una vida realmente satisfactoria. 

Es como si tuviéramos una especie de alquimia emocional que funciona en ambas direcciones.  Si elegimos dejarnos llevar por las emociones negativas, será mucho más difícil superar la situación.  Pero si nos esforzamos por experimentar emociones positivas, podremos lograr tolerar las situaciones y mejorar nuestro estado de ánimo y nuestra satisfacción con la vida.

Por citar un caso, en 1998, un abogado y empresario ecuatoriano llamado Lenín Moreno se encontró en medio de un atraco donde unos ladrones intentaron robarle.  Los ladrones le dispararon.  Lenín no murió, pero sí quedó paralítico.  Sin embargo, eso no lo detuvo.  Aun cuando se sintió muy deprimido después del incidente, descubrió que haciendo un esfuerzo por reírse, literalmente a carcajadas, mejoraba su estado de ánimo.  Practicó la “risoterapia” y poco a poco encontró alivio a sus dolores y un nuevo ánimo para vivir.  Retomó su vida y siguió adelante.  Ahora conocemos su historia porque desde el año 2007 es el Vicepresidente de Ecuador. 

Todos tenemos esa capacidad de usar las emociones positivas para nuestro propio bien.  Las personas que experimentan más emociones y actitudes más positivas se curan más rápido de las enfermedades, hacen mejor su trabajo, se recuperan de una decepción más rápido, logran volver a establecer relaciones de pareja luego de un divorcio o una viudez, y viven muchos más años.  

¡Usemos  nuestras emociones positivas!  Conozcámoslas… porque muchas veces no sabemos ni cómo reconocerlas cuando las experimentamos. (¿Reconoce usted la emoción fluir o la emoción saborear?).  Recordemos que las emociones no son simplemente “cosas que nos pasan”, sino que podemos cultivarlas.  Trate usted estos cinco simples consejos:

  • Interésese por sus emociones positivas.  Aprenda a reconocerlas.
  • Escriba una lista diaria de todas las cosas por las que está agradecido.
  • Elija de antemano cómo va usted a ver las cosas en el día de hoy (medio vacío o medio lleno el vaso…)
  • Reúnase con alguna persona a la que le esté agradecido (a) y dígaselo.
  • Dese tiempo para usted. Involúcrese en un hobbie  que le dé satisfacción.

Cultivar nuestras emociones nos ayuda a vivir mejor.  Alegría, entusiasmo, fe, ecuanimidad, optimismo, esperanza, compasión, etc., son todas emociones que están a nuestro alcance.  Nos toca decidir buscarlas activamente, usarlas,  disfrutarlas para nuestro beneficio.  Ellas son magia común y corriente.

Por: Carlos A. Leiro P., Ph.D.